
La diversidad de publicaciones en las décadas de los 40 y 50 del pasado siglo, constituía un verdadero aliciente para niños, jóvenes y menos jóvenes de la época. Los héroes de papel, adoptaban las más variadas e imaginables identidades. Desde el sheriff del Oeste americano, el indio, el justiciero enmascarado, el supuestamente inmortal "espíritu que camina" hasta el sencillo limpiabotas, el noble guerrero cristiano, el todopoderoso superhombre o el Tarzán de la jungla africana.
Todos ellos, nos hicieron pasar momentos mágicos ante las viñetas que desplegaban sus aventuras, nos hicieron soñar con mundos tal vez irreales y fantásticos y nos hicieron olvidar durante unos minutos, la rigidez pseudomilitar que invadía en esos tiempos hasta las escuelas...